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La alfacinha de los Caracoles

Laboratório d'Estórias

V.LE004VV

Hoja de lechuga con caracol
 
Mediante el uso de la técnica tradicional de aplicación manual de goma, esta hoja de lechuga artesanal fue especialmente diseñada para servir caracoles u otros aperitivos en un plato que hace alusión a la mismísima ciudad de Lisboa.
 
Esmaltada y pintada a mano con dos tonos de verde, está adornada con un caracol y dos palillos indispensables de la marca portuguesa Campeões.
 
Esta pieza permite lavado en lavavajillas y uso en microondas.
180x145x47mm 
 
Embalaje: La caja está hecha de cartón microcorrugado y viene envuelta por una banda de papel que contiene una imagen exclusiva realizada por un ilustrador de Caldas da Rainha y el resumen del cuento de “La Alfacinha de los caracoles”, que aborda el origen del nombre dado a los lisboetas, traducido al portugués y al inglés.



16,80 €




Descripción

LABORATÓRIO D'ESTÓRIAS  
 
Contando la historia de un Portugal diferente.
Y con ese espíritu nació el Laboratorio de Historias en junio de 2013: un espacio de diseño experimental que pretende inspirarse en los relatos de la cultura popular portuguesa para reinventar objetos tradicionales, utilizarlos para contar nuevas historias y, por qué no, recrear la historia misma del país.
 
LA ALFACINHA DE LOS CARACOLES
Quién tuvo la idea de llamar “alfacinhas” a los lisboetas, nadie lo sabe. Bueno, casi nadie. Había una niña pequeña de rizos de color castaño oscuro que lo sabía; pues a pesar de ser huérfana, su tatara-tatara-tatara-tatara abuelo había sido uno de los pocos moros que permaneció en estas tierras después de que D. Afonso Henriques conquistara Portugal.
Tal vez por eso tenía un nombre tan peculiar: Al-Hassa. Pero como “Al-Hassa” no era un nombre fácil de decir, todo el mundo la llamaba simplemente “Alfacinha”.
Tal vez se debiera a eso, o puede que por su pequeño y frágil aspecto, aunque no lo fuera, que ese nombre tenía sentido. O tal vez, solo tal vez, porque era fresca como una rosa; o porque quisiera el destino que vender lechugas fuese su medio de vida. Hiciese calor o frío, todos los días subía y bajaba el Camino de Carriche, llenando las calles con sus voces de: “¡Alfacinhas! Miren mis alfacinhas!” Pero todo era en vano.
Día sí, día también, el carro iba y volvía lleno, y la chica no tenía más remedio que comerse las lechugas ella misma para sobrevivir. Un día, se produjo una plaga de caracoles en la ciudad de Lisboa, devorando todas las verduras de la ciudad.
Viendo que la población iba a morir de hambre, y sabiendo muy bien qué se sentía, la chica ideó un plan: hojas de lechuga cosidas una por una, con un largo hilo que atravesaba la ciudad de una parte a otra. Durante la noche, todos los caracoles devoraron las hojas quedándose pegados al hilo y, al día siguiente... ¡maravilla! Fueron cocinados en una olla grande con un poco de sal y una ramita de orégano, en lo que fue un inolvidable festín.
Y así nació la historia de la Alfacinha de los Caracoles: si eran los de su cabello o esos que saben tan bien con una cerveza, nadie lo sabe. Pero sí se sabe que, en su honor, se plantaron lechugas en las siete colinas de la ciudad, otorgando a los lisboetas, con el paso de los años, el apodo de “Alfacinhas” popularizado por Almeida Garrett en el famoso libro “Viajes por mi tierra”.
Y es precisamente por esta razón que decimos que los caracoles saben mucho mejor cuando se sirven sobre una hoja de lechuga.

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